sábado, 8 de mayo de 2010

Génesis (Mi confrontación con la docencia)

(Mi confrontación con la docencia)

En el principio pensé que era la muerte quien me acercaba a la docencia. No mi muerte, ni su proximidad; ni una esclarecedora y repentina visión de lo fatal de nuestro destino; sino una muerte que era de otro. Aunque apenas hace cuatro años, ignoro ahora la fecha exacta del deceso; aquella primavera persiste en la memoria familiar como una serie de fotografías borrosas a las que no se visita a menos que sea necesario. Desempolvo ahora aquella que será la que habrá el ciclo de mi estancia en la docencia: mi tío Isaac Morales Alonso murió a los 4# años de edad, sin descendencia que perpetuase su legado. Casi un mes después –todavía en primavera, siempre en primavera- sus padres, mis tíos abuelos, me contaron una de las ideas que él tenía:
-Nos dijo que cuando se jubilara, te dejaría sus horas para que tuvieras algo con que comenzar. Pero ya no llegó a jubilarse, ya ves.
Y como yo apenas terminaba el tercer año de la licenciatura en lengua y literatura hispánicas, acepté el ofrecimiento, en el entendido de que sería un trabajo provisional. Algo para no empezar mi vida laboral con las manos vacías. Poco más de un año después, habiendo terminado la licenciatura y ya inscrito en la maestría en lingüística aplicada en una universidad del estado de Puebla, comenzaba a laborar con mis flamantes primeras 7 horas en la prepa Juárez. Durante los dos años siguientes llegué a trabajar 10 horas, solamente los lunes y viernes, porque de lunes por la tarde a jueves por la noche yo estudiaba en Puebla.
Como dije, al principio pensé que era la muerte quien me acercaba a la docencia. Cuando comencé a ejercerla me percaté de mi error: no era aquella, sino la sangre quien me llamaba. No se trataba nada más de continuar el legado de mi tío; era que realmente disfrutaba estar frente a un grupo intentando envolverlos a ellos también en mi amor por la lectura en general y las minucias del lenguaje en particular. Mientras iba compartiendo con mi primer grupo la aventura de encontrar la literatura en la vida, descubrí que esta sería una de mis grandes pasiones. Porque no solamente me gusta enseñar en la escuela. Siempre que me preguntan sobre mi materia, sobre lo que hago, acabo enseñando; a veces más, a veces menos, pero siempre acabo enseñándole a los demás al menos un detalle acerca del lenguaje. No quiero decir que ya lo sé todo: ¡apenas sé nada acerca de tantas cosas!, pero durante ese primer semestre dentro del magisterio, que fue todo experimentación, mucho de juego y algo de llanto, comencé a descifrar lo que significaba para mí ser profesor.
Claro que he sufrido mis descalabros. Por mucho que uno sea entusiasta en lo que hace, la férrea voluntad de indiferencia de algunos de nuestros adolescentes puede desanimar en un mal día hasta al más quijotesco de los maestros. Y aunque es hermoso saber que por causa de uno alguno de ellos leyó su primer libro por placer, o se decidió a estudiar la misma carrera; también existen aquellas almas contrarias al espíritu a quienes no se les podrá convencer por más que se trate. Sin embargo, tengo fe en el poder transformador de la educación. Confío en que la literatura y el conocimiento del lenguaje pueden hacernos mejores personas. Y, aunque a veces haya días grises, cuando miro a mis alumnos imagino su futuro con esperanza, deseando que aquello que intenté transmitirles no haya quedado en el olvido, sino que se vuelva parte de ellos mismos de modo que, aunque en el futuro yo no forme parte de sus memorias, aquello que aprendieron conmigo sí lo sea.

1 comentario:

  1. Hola Luis David, muy interesantes tus aportaciones tanto lo que comentas de la lectura de Manuel Esteve, como lo que titulas "Génesis" si cada uno contara como empezamos a caminar en la docencia y lo que hemos aprendido, habría material suficiente para escribir un libro, al que seguramente encontrarías un título interesante dada tu pasión por la literatura, Felicidades por haberte quedado de este lado, por experiencia te puedo asegurar que en verdad vale la pena, enhorabuena y que bueno tenerte como compañero de grupo.

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