Una de las grandes preguntas de la humanidad ha sido “cómo se conoce”. De esta pregunta aparentemente tan sencilla nacieron disciplinas filosóficas, teorías científicas y muchas opiniones que, a pesar de no haberlas validado todavía, pululan por el éter de la conciencia colectiva de los pueblos; de modo que, puesto a responder si el aprendizaje es algo trivial, debo decir que mi respuesta es negativa. Si “cómo se conoce” podemos en Buena medida traducirlo a “cómo aprendemos” yo encuentro que habría sido una estupidez gastar tantas horas hombre pensando el asunto si en realidad fuera una trivialidad.
Ahora bien, ya que hemos establecido la importancia del aprendizaje para el pensamiento humano queda por esclarecer si éste es observable y medible. Para ello es necesario hacer hincapié en que no todo lo aprendido tiene la misma naturaleza. Es decir, aprendemos datos, conceptos, procedimientos, actitudes e incluso valores; y cada uno de estos rubros requiere de ciertas capacidades, habilidades y estados del ser que nos permitan aprehenderlos adecuadamente de modo tal que una vez hechos nuestros ya nunca seamos los mismos. En este sentido somos heraclitianos: nunca nos bañamos en el mismo río porque ni el río ni nosotros somos iguales en dos momentos.
Esta postura presocratica que hemos adoptado conlleva inherentemente un problema: si no somos iguales, ¿cómo podemos observar y medir nuestros aprendizajes? Arguyamos ahora ciertos patrones y regularidades en nuestras conductas. Heráclito no hablaba de una diferenciación total (pues esta nos haría irreconocibles) sino de una diferencia basada en los detalles. En líneas generales, siempre trabajaremos con patrones, y eso es lo que hace observables nuestros aprendizajes. Pero entiéndase que no siempre los patrones serán observables, sino su objetivación en acción o en discurso; pues al final de cuentas de una construcción no podemos ver su estructura a menos que hayamos asistido al proceso de su hechura.
De este modo, y recurriendo a la metáfora arquitectónica quiero dar a entender que, si bien los aprendizajes son observables, y muchos de sus resultados, medibles, esto no puede ni debe suceder a través de un único instrumento configurado por preguntas que apelen a respuestas donde solamente los conocimientos declarativos (factuales o conceptuales) se pongan a trabajar.
Los aprendizajes que podemos adquirir a lo largo de nuestras vidas son tan variados como las formas de las piedras en los lechos de los ríos: aunque en esencia compartan ciertas características nunca habrá dos idénticos, ni el mismo río podrá captar en sí mismo la misma piedra dos veces. De modo que, si existe tal variedad en los aprendizajes, ¿por qué utilizar un solo intrumento para medirlos? Como dije antes, si hemos sido testigos del proceso de construcción de tal o cual conocimiento, entonces estaremos en posibilidad, dadas las condiciones suficientes (es decir, si tenemos la preparación necesaria tanto en los ámbitos profesional como pedagógico), de juzgar dicho proceso y el resultado de tal proceso de una manera holística.
Visto desde esta perspectiva, nos enfrentamos a un reto como profesores de enseñanza media: ¿de qué manera reformularé mis pruebas escritas? Y, más importante: ¿qué elementos puedo sistematizar para observar y medir objetivamente el conocimiento de mis aprendices?
Explorar las nuevas posibilidades que se nos sugieren llevará tiempo y esfuerzo. Tal como lo han dicho los teóricos: nosotros como profesionales de la educación también iremos construyendo, al lado de nuestros alumnos, las nuevas formas de ser educador, explorando las opciones existentes para valorar los conocimientos declarativos, factuales, procedimentales, actitudinales y valorales. Y en caso de que carezcamos de tales instrumentos de medición, podremos pensar, ¿por qué no?, en inventar los propios, basados en nuestra propia práctica pedagógica; pues es una realidad que somos ingenieros del conocimiento, y como ingenieros debemos buscar soluciones prácticas movilizando lo mejor de nuestros recursos para lograr en nuestros salones seres humanos más competentes para la vida.
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